Adapted from En comunidad, Spanish translation by Carla España and Luz Yadira Herrera.
“Ya calladita mi hijita, pronto vamos a ver a tu papá”. Carla leyó esta línea en voz baja mientras compartía fragmentos del borrador de su narrativa personal en una escuela de los suburbios de Chicago. El resto de su narrativa (mayormente en inglés) describía las maneras en que su mamá trataba de calmarla porque estaba superentusias mada con la expectativa de reunirse con su papá después de que la familia estuviera un año separada—ellas en Chile y su papá en la ciudad de Nueva York. Carla giró hacia los estudiantes y les preguntó: “De la lista de momentos de sus vidas que les enseñaron algo importante, ¿cuál seleccionarán?” Los estudiantes hablaron en sus grupos pequeños. Carla vio una mano levantada y caminó hacia la parte de atrás del aula donde una estudiante preguntó curiosamente susurrando, “¿Entonces podemos usar el español en nuestros cuentos, igual que usted?” Carla y los estudiantes hablaron sobre las diferentes maneras en que usan el español en sus vidas y cómo sus historias pueden y deben reflejar esa realidad.
Reflexión sobre ese momento
¿Por qué los estudiantes bilingües y multilingües se sienten como si no pudieran escribir usando todas las prácticas lingüísticas que integran en sus vidas? Si observamos el currículo y la pedagogía, podemos notar que un tipo de inglés domina nuestras narrativas. Si pensamos más allá de la planificación de nuestras lecciones, considerando nuestras experiencias en programas de preparación de docentes y en nuestras escuelas de K–12, descubrimos que, para la mayoría de nosotros, quienes completamos nuestra enseñanza de K–12 en los EE. UU., el inglés monolingüe dominó nuestro aprendizaje. Muchos de nuestros estudiantes del bachillerato y posgrado revelan que no fue hasta sus estudios en un programa de educación bilingüe o en un curso de educación que fueron expuestos a historias que incluían prácticas lingüísticas más dinámicas. Para muchas de nosotras, fue un texto de Sandra Cisneros que leímos en la universidad y en el que nos vimos reflejadas. Luchamos para ver cómo nuestras historias fueron reflejadas en nuestras escuelas de K–12. Muchos de los adultos a quienes enseñamos hacen la misma pregunta que esta estudiante hace. Ahora, ellos cuestionan no solo si tienen “permiso” para usar todo su repertorio lingüístico, sino también cómo será percibido por sus colegas.
Se requiere mucha vulnerabilidad para participar en este trabajo. Para que este trabajo sea sanador y restaurador—especialmente para aquellos cuya existencia y maneras de ser han sido marginadas—debemos continuar desde el trabajo del capítulo previo, creando los espacios para validar las experiencias e identidades de los estudiantes, especialmente grupos de lenguas minorizadas, como los estudiantes bilingües latines. Sea un estudiante nuevo que se rehúsa a escribir porque ha sido avergonzado y solo “visto” con un lápiz rojo que marca sus borradores o el estudiante que no siente que su escuela es un lugar seguro donde puede procesar su trauma por medio de la escritura, todes les niñes deben disponer de los espacios, las herramientas y las opciones para procesar sus experiencias, cuándo hacerlo y con quién compartirlas, dentro y fuera del aula.
Nuestra meta aquí es crear un lugar donde todos los estudiantes puedan expresarse de manera segura usando todos sus recursos lingüísticos. Un espacio donde los estudiantes puedan profundizar en sus historias y enfocarse en los lugares de su narrativa, en las maneras de usar el diálogo y en los varios elementos que les permiten crear historias poderosas, como lo vemos con nuestras autoras mentoras. Esta manera de contar cuentos solo es posible si dejamos fuera del aula bilingüe la perspectiva monolingüe o separatista de los idiomas. Las lecciones en este capítulo destacan a las autoras ejemplares que muestran lo que es ser una cuentista impactante, cuyas historias se enriquecen con el uso de las prácticas lingüísticas dinámicas que muchos estudiantes bilingües emergentes también muestran en sus vidas cotidianas. Estas prácticas en la escritura pueden ser una herramienta poderosa para amplificar historias con el fin de mantener la autenticidad y validar las maneras en que nuestros estudiantes se comunican.
Proteger la seguridad de los estudiantes que desean compartir sus historias
- Invita a los estudiantes a compartir historias y experiencias; no insistas. Cuando les pidas a los estudiantes que compartan historias y experiencias, ofréceles la opción de compartir una historia que hayan investigado en vez de una que hayan vivido. No esperes a que un estudiante muestre incomodidad o que pida otra opción.
- Aclara bien qué es lo que estás pidiendo que los estudiantes compartan. Cuando les pidas a los estudiantes que compartan sus propias experiencias o las de sus familias, recuérdales que deben compartir solo aquello con lo que ellos y sus familias se sientan cómodos compartiendo. No trates de sacarles más información personal de la que los estudiantes ya ofrecieron—lo que ellos compartan en la clase podría tener consecuencias fuera de la clase.
